TALENTO QUE NO CRECE, TALENTO QUE SE VA
Esta historia nos la compartió un trabajador que recuerda una de sus primeras experiencias laborales con mucho cariño.
Trabajó durante varios años en el
área administrativa de una empresa pequeña. Y, según cuenta, fue de esos
lugares que no se olvidan fácilmente.
La empresa era buena.
De verdad buena.
Había libertad creativa.
Las ideas eran escuchadas.
Las opiniones eran valoradas.
No existía eso de “ideas malas”.
El ambiente era tranquilo.
Los compañeros eran cercanos.
Había risas, apoyo y un clima laboral muy ameno.
Para alguien que estaba empezando
su vida laboral, ese lugar se convirtió en una escuela, allí aprendió y creció,
ya que se fortaleció profesionalmente.
También creció académicamente,
porque mientras trabajaba se mantenía actualizado en su área de formación y
avanzaba en su camino como profesional.
Entró como auxiliar
administrativo y durante cuatro años entregó lo mejor de sí, la empresa
confiaba en él, y él también se sentía parte de la empresa.
Pero en su último año empezó a sentir algo que al principio
no sabía cómo nombrar.
No era mal ambiente.
No era mala relación con sus
jefes.
No era falta de bienestar.
No era falta de reconocimiento.
No era falta de cariño por la
empresa.
Era otra cosa.
Era la sensación de que algo le faltaba y ese algo era crecimiento.
Porque sí, la empresa tenía muchas cosas buenas:
Tenía armonía.
Tenía buen trato.
Tenía estabilidad.
Tenía compañeros valiosos.
Tenía líderes que escuchaban.
Tenía una cultura bonita.
Pero también era una empresa
pequeña, su crecimiento era moderado y los colaboradores eran muy estables.
Eso, que por un lado habla muy bien de la organización, también hacía que las
oportunidades de ascenso fueran pocas y no porque no quisieran reconocer el
talento, Sino porque no había vacantes disponibles.
No había una estructura suficientemente amplia para que
todos pudieran crecer al ritmo que querían.
Y ahí empezó la frustración, Él ya no se sentía igual.
Sentía que podía dar más.
Sentía que tenía más
conocimientos.
Sentía que su formación
profesional le permitía asumir nuevos retos.
Sentía que ya estaba listo para
avanzar.
Preguntó si existía la posibilidad
de ascender.
Preguntó si podía asumir un nuevo
cargo.
Preguntó si había una oportunidad
interna.
Pero la respuesta siempre era la misma: “En este momento no hay vacantes.”
Y esa frase, aunque no fuera
dicha con mala intención, empezó a pesar. Porque a veces una empresa puede
quererte mucho, pero:
A veces no tiene otras formas de cómo
retenerte.
A veces reconoce tu talento, pero su estructura no le permite darte el siguiente paso.
Porque no es fácil querer irse de un lugar donde uno fue
feliz, puesto que.
No es fácil buscar otra
oportunidad cuando la empresa donde estás te trató bien.
No es fácil aceptar que el cariño
por una organización no siempre es suficiente para quedarse.
Con mejor salario.
Mejores garantías.
Más responsabilidades.
Y, sobre todo, posibilidad de
crecimiento.
Le dolía dejar la empresa que
creyó en él.
Le dolía cerrar una etapa bonita.
Le dolía despedirse de compañeros
que se habían convertido en parte importante de su vida laboral.
Quedarse por gratitud no siempre
es justo con uno mismo.
Agradecer no significa estancarse.
Valorar una empresa no significa
renunciar al propio crecimiento.
Y querer a un equipo no significa
abandonar los sueños profesionales.
El día de su salida, sus compañeros le hicieron una
despedida.
Sus jefes le dijeron que las puertas quedaban abiertas, que
sabían del gran talento que tenía y que lamentablemente no contaban en ese
momento con una forma real de retenerlo.
No hubo resentimiento.
No hubo conflicto.
No hubo salida dolorosa desde el
maltrato.
Hubo una despedida con gratitud.
Y eso también dice mucho de una empresa.
Porque hay organizaciones que entienden que a veces formar
talento también implica verlo volar.
Hoy, esa persona mira hacia atrás y agradece profundamente
esa etapa.
Dice que esa empresa fue una de sus bases laborales.
Que allí aprendió mucho.
Que allí creció.
Que allí encontró compañeros
valiosos.
Que allí entendió muchas cosas del
mundo laboral.
Que sigue siendo un buen lugar.
Que algunos compañeros aún
trabajan allí.
Que la organización ha crecido.
Que algunas personas han podido
ascender.
Y eso le produce alegría, no envidia.
Porque cuando uno se va bien de un lugar, también puede
celebrar que a otros les vaya bien.
Incluso dice que, si en algún momento de la vida el camino
lo lleva nuevamente a esa empresa, sería un gusto volver a trabajar allí.
Y esta historia deja una reflexión muy bonita:
No todas las renuncias nacen del
maltrato.
No todas las salidas son por un
mal jefe.
No todas las personas se van
porque odian la empresa.
Porque quiere nuevos retos.
Porque siente que ya cumplió una
etapa.
Porque la empresa fue buena, pero
su proyecto profesional empezó a pedir otro camino.
Una empresa puede ser excelente y
aun así no tener la capacidad de ofrecer crecimiento a todos.
Un colaborador puede estar
agradecido y aun así decidir irse.
Una salida puede doler y aun así
ser necesaria.
Busca aprendizaje.
Busca retos.
Busca movilidad.
Busca sentir que avanza.
¿Qué pasa con los colaboradores que ya están listos para
crecer, pero no encuentran una oportunidad interna?
Porque cuando no hay rutas de crecimiento, el talento
empieza a mirar hacia afuera.
No por deslealtad sino por necesidad profesional y tal vez
el reto no sea prometer ascensos que no existen, quizás el reto sea hablar con
claridad.
Construir planes de desarrollo.
Delegar nuevos retos.
Reconocer capacidades.
Abrir conversaciones de carrera.
Porque hay empresas que marcan tanto, que, aunque uno se
vaya, nunca deja de reconocer lo importantes que fueron.
Y hay colaboradores que se van, no porque dejaron de querer
la empresa, sino porque también aprendieron a quererse a sí mismos y a su
propio crecimiento.
Este chismecito nos deja una pregunta:
¿Usted qué haría si trabajara en una empresa buena, con
buen ambiente y buenos líderes, pero sin posibilidades reales de crecimiento?
¿Se quedaría por gratitud?
¿Esperaría una oportunidad?
¿O también tomaría la decisión de irse para seguir
creciendo?
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