CUANDO TALENTO HUMANO HACE TODO, PERO LA EMPRESA YA NO DA MÁS
Esta historia nos la compartió una persona profesional en Talento Humano, con experiencia liderando diferentes procesos organizacionales.
Pero este último proceso le dejó una sensación difícil de
explicar.
Una de esas experiencias que te hacen preguntarte:
¿Será que este sí es mi camino?
Todo empezó hace aproximadamente tres años, cuando llegó a
una empresa donde le prometieron algo que para cualquier profesional de Gestión
Humana puede sonar como una gran oportunidad:
“Queremos que construyas el área desde cero.”
La propuesta era clara: tendría libertad para implementar la
gestión humana, crear los procesos, organizar la estructura y darle forma a un
departamento que hasta ese momento no existía como tal.
Y así empezó.
Con ilusión, con energía y con muchas ganas de hacer las
cosas bien.
En pocas palabras: el área de Talento Humano empezó a tomar
forma.
Y al principio, todo parecía ir bien.
La empresa ya tenía una estructura más clara. Los cargos
estaban mejor definidos. Los procesos de vinculación se empezaron a organizar.
Las personas nuevas ingresaban con más orientación. Había una sensación de
avance.
Pero después llegó la parte que nadie quiere ver.
La rotación empezó a aumentar.
Al principio, la pregunta fue la más lógica:
¿Qué está pasando?
Desde Talento Humano se empezó a indagar. Se escuchó a las
personas. Se revisaron las salidas. Se preguntó por las causas.
Y una de las primeras respuestas que apareció fue:
“Sentimos mucha sobrecarga laboral.”
Entonces se revisaron los manuales de funciones.
Se hicieron ajustes.
Pero la rotación continuó.
Luego apareció otra posible explicación:
“No hay suficiente gestión emocional.”
Entonces el enfoque cambió.
Se fortaleció el plan de bienestar laboral. Se empezó a
estructurar una línea más orientada a la salud mental. Se generaron espacios de
escucha, momentos para hablar de emociones, actividades de trabajo en equipo y
espacios para el desahogo emocional.
La intención era buena.
Se quería que las personas se sintieran escuchadas,
acompañadas y cuidadas.
Pero aun así, la rotación continuó.
Y entonces apareció una verdad más incómoda:
El problema también era de capacidad real.
La empresa estaba creciendo en trabajo, pero también en
gastos.
Cada año se intentaba incluir nuevos cargos, abrir espacios,
distribuir mejor las cargas y responder a las necesidades del equipo. Pero
había un límite: la capacidad de pago no alcanzaba para vincular a todas las
personas que realmente se necesitaban.
La operación pedía más manos.
El equipo pedía más apoyo.
Los procesos pedían más tiempo.
Pero los ingresos no crecían al mismo ritmo que las
necesidades.
De un año a otro, la empresa necesitaba aproximadamente un
35% más para poder sostenerse. Y aunque existía la voluntad de mejorar, la
realidad financiera empezaba a poner límites.
Y a eso se sumó otro factor:
El sector económico también empezó a verse afectado.
En este caso, el turismo atravesaba momentos de
incertidumbre. Había menos estabilidad, más presión, más cambios, más
exigencias y más dificultad para proyectar el crecimiento.
Entonces la pregunta dejó de ser solo:
¿Qué está haciendo mal Talento Humano?
Y empezó a convertirse en otra:
¿Qué tanto puede sostener Talento Humano cuando la
empresa quiere cuidar a su gente, pero el modelo operativo y financiero no
alcanza?
Porque sí, hay empresas que no hacen nada.
Pero también hay empresas que intentan.
Y ahí aparece una frustración profunda para quienes trabajan
en Gestión Humana.
Porque una cosa es no querer hacer nada.
Y otra muy diferente es querer hacerlo, pero no tener cómo
sostenerlo.
La persona que compartió esta historia decía que llegó un
punto en el que empezó a sentirse frustrada.
Sentía que había hecho mucho.
Pero la rotación seguía.
Y eso duele.
Porque muchas veces desde afuera se cree que Talento Humano
tiene una varita mágica.
Pero hay algo que también debe decirse:
Talento Humano no puede compensar indefinidamente una
estructura que ya está sobrepasada.
Porque cuando una empresa crece en exigencias, pero no en capacidad, tarde o temprano alguien paga el costo.
Lo paga el colaborador que se siente sobrecargado.
Lo paga el líder que no sabe cómo distribuir más trabajo con
el mismo equipo.
Lo paga Talento Humano, que queda en la mitad entre lo que
la gente necesita y lo que la empresa puede pagar.
Y lo paga la empresa, porque la rotación también cuesta.
Esta historia no habla de una empresa mala.
Habla de una realidad que muchas organizaciones viven:
Quieren crecer, pero no siempre tienen la estructura para
sostener ese crecimiento.
Quieren cuidar a su gente, pero siguen operando al límite.
Quieren reducir la rotación, pero no siempre pueden resolver
las causas de fondo.
Quieren bienestar, pero la carga laboral sigue siendo la
misma.
Y ahí Talento Humano termina con una carga emocional enorme:
La de sentir que hace, propone, ajusta, escucha y acompaña…
Pero, aun así, no alcanza.
Por eso, tal vez la pregunta no es únicamente:
¿Por qué se va la gente?
Tal vez también hay que preguntar:
¿La empresa tiene la capacidad real para sostener el
volumen de trabajo que está asumiendo?
¿El crecimiento está siendo rentable o solo está
aumentando la presión interna?
¿Estamos usando el bienestar para aliviar síntomas, pero
sin tocar la causa?
¿Le estamos pidiendo a Talento Humano que solucione
problemas que también son financieros, estratégicos y operativos?
Porque la gestión humana no puede trabajar sola.
Y tal vez esta historia nos deja una reflexión importante:
A veces Talento Humano no fracasa.
A veces Talento Humano está intentando sostener una
estructura que ya necesita una decisión empresarial de fondo.
Y usted, ¿Qué haría en este caso?
¿Seguiría intentando desde bienestar, manuales y procesos?
¿O pondría sobre la mesa una conversación más incómoda sobre
capacidad real, crecimiento, presupuesto y sostenibilidad del negocio?
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